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Historia de la Ciencia

El descubrimiento de la penicilina y la larga década que tardó en salvar vidas

Fleming observó el fenómeno en 1928; hizo falta un equipo distinto y una guerra para convertirlo en medicamento

Dra. Clara Bengoechea, historiadora de la medicina 2 min de lectura

LA PLACA CONTAMINADA

La historia conocida es cierta en lo esencial. Fleming regresó de vacaciones y encontró una placa de cultivo de estafilococos contaminada por un hongo. Alrededor de la colonia fúngica, las bacterias habían desaparecido.

Fleming identificó el hongo, comprobó que su filtrado inhibía el crecimiento de varias bacterias patógenas y publicó el hallazgo. Y ahí el asunto quedó prácticamente detenido durante una década.

POR QUÉ NO PASÓ NADA

La razón no fue el desinterés sino la química. La penicilina resultó ser una sustancia notablemente inestable, presente en cantidades minúsculas en el caldo de cultivo y difícil de purificar con los métodos disponibles.

Fleming era bacteriólogo, no químico. Realizó ensayos de uso tópico con resultados irregulares y llegó a concluir que la sustancia se degradaba demasiado rápido en el organismo para ser útil por vía sistémica.

Sin capacidad de aislarla y concentrarla, la observación seguía siendo una curiosidad de laboratorio.

EL EQUIPO QUE LO RESOLVIÓ

Una década después, un grupo de Oxford dirigido por Florey y con Chain a cargo de la bioquímica retomó el problema como parte de una búsqueda sistemática de sustancias antibacterianas.

Su aportación fue la purificación. Desarrollaron métodos de extracción y liofilización que permitieron obtener penicilina suficientemente pura y estable para ensayarla en animales. El experimento decisivo fue sencillo y devastador en su claridad: ratones infectados con dosis letales de estreptococo sobrevivieron si recibían penicilina y murieron si no.

El primer ensayo en humanos ilustra la dificultad de la época: el paciente mejoró de forma espectacular y falleció cuando se agotó la escasa cantidad disponible, pese a que se recuperaba penicilina de su propia orina para reutilizarla.

EL PROBLEMA DE PRODUCCIÓN

Convertir aquello en un medicamento exigía producir cantidades industriales de una molécula frágil sintetizada por un hongo. Fue un problema de ingeniería química y de microbiología industrial, no de descubrimiento.

Las soluciones llegaron con la fermentación sumergida en tanques profundos, con medios de cultivo basados en licor de maceración de maíz y con la selección de cepas mucho más productivas. Ese esfuerzo se aceleró enormemente por la urgencia bélica y por la colaboración entre laboratorios académicos y compañías farmacéuticas.

LO QUE ENSEÑA LA CRONOLOGÍA

La distancia entre la observación y el medicamento fue de más de una década, y no se debió a que nadie comprendiera la importancia del hallazgo.

Se debió a que descubrir un fenómeno y convertirlo en una terapia disponible son actividades distintas, que requieren competencias distintas y que rara vez residen en la misma persona. La historia popular premia al observador; el trabajo decisivo estuvo en la purificación y en el escalado.

Periódico Digital · https://periodico.dreamlabstech.co/historia-de-la-ciencia/articulo_005.html

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